Homenaje a Littbarski, icono del fútbol sala cordobés
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Los pasados 24 y 25 de julio, Villanueva de Córdoba volvió a acoger su tradicional maratón de fútbol sala, una cita de enorme prestigio y tradición dentro del panorama provincial. En esta ocasión, el torneo tuvo un significado muy especial. Organizado por Antonio Linero Garrote, reunió a una auténtica “selección” de jugadores con un objetivo muy concreto: rendir un merecido homenaje a Littbarski, uno de los grandes iconos del fútbol sala cordobés.
Tuve el honor de estar entre los elegidos por Garrote para formar parte de este homenaje y, todo hay que decirlo, también el privilegio de ser el más veterano del grupo. Y es que hablar de Littbarski es hablar de una época dorada de los maratones de fútbol sala en Córdoba. Recuerdo cómo, cada verano, seleccionaba a un grupo de jugadores para recorrer los distintos maratones de la provincia. Raro era el torneo que se le resistía. Aunque no tengo datos precisos, me atrevería a decir que ganó la práctica totalidad de aquellos campeonatos, entre otras cosas porque los mejores jugadores no dudaban en ponerse a sus órdenes.
Con el paso del tiempo, aquella tradicional “selección” llegó a adquirir una importancia enorme. Ser elegido por Littbarski era todo un reconocimiento. Significaba que estabas entre los mejores jugadores de fútbol sala de Córdoba. Tuve la suerte y el honor de formar parte de aquella selección durante varios años y de conquistar junto a él muchos de aquellos maratones. Por eso, volver a compartir pista con algunos de aquellos compañeros tantos años después tuvo un significado especial.
Esta vez, sin embargo, el resultado era lo de menos. El equipo estaba formado por veteranos y la verdadera finalidad era rendir homenaje a Littbarski. Nos eliminaron en cuartos de final, aunque reconozco que, incluso sabiendo cuál era el verdadero objetivo, no pude evitar soñar con llegar un poco más lejos.
En lo personal, quizá haya llegado ya el momento de dejar el fútbol sala, incluso las tradicionales “pachangas”. A mis 55 años todavía me encuentro en buena forma, pero después de un partido los años pesan y el cuerpo deja claro que ha llegado el momento de colgar las zapatillas.
Aun así, volver a sentir los nervios previos a un partido, reencontrarme con el ambiente de la competición y compartir pista con tantos amigos fue fantástico. Son sensaciones que, por mucho tiempo que pase, nunca se olvidan.
Me quedo con la satisfacción de haber disfrutado nuevamente del fútbol sala y, por qué no decirlo, de haber hecho un buen papel. Incluso tuve la oportunidad de atajar dos penaltis, un pequeño regalo para despedirme de las pistas.
Desde estas líneas, un abrazo muy especial a Littbarski y a todos sus familiares y amigos. Y, sobre todo, gracias por tantos años de fútbol sala, de maratones y de recuerdos que ya forman parte de la historia de este deporte en Córdoba.
REPORTAJE: Paco Barcos









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