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El Córdoba CF tiene derecho a seguir creyendo

  • hace 17 horas
  • 3 Min. de lectura

Hay momentos de la temporada que se juegan más con la cabeza que con las piernas. Y el Córdoba CF ha llegado a uno de ellos. A falta de tres jornadas para el final, el conjunto blanquiverde continúa agarrado a una posibilidad mínima, compleja y tremendamente exigente, pero viva. Los de Iván Ania reciben este viernes al Albacete con una idea fija entre ceja y ceja: seguir alargando el sueño hasta donde dé. Porque mientras las matemáticas no digan lo contrario, El Arcángel seguirá creyendo.


Hace apenas unas semanas, el cordobesismo transitaba por un escenario completamente opuesto. El equipo acumulaba una racha impropia de todo lo construido durante la temporada y el play off parecía una conversación reservada para otros. Sin embargo, el fútbol tiene algo que no se puede medir ni calcular del todo: las dinámicas emocionales. Y el Córdoba ha pasado, en cuestión de un mes, de convivir con las dudas a jugar con una seguridad que recuerda a los mejores tramos del curso.


Cinco victorias consecutivas después, el escenario ha cambiado. El equipo ha recuperado contundencia en ambas áreas, el colectivo vuelve a parecer sólido y reconocible, y la sensación alrededor del vestuario es clara: este Córdoba compite convencido de sí mismo. No es casualidad que Iván Ania haya insistido una y otra vez en la misma cifra. Sesenta y nueve puntos. Ese es el horizonte que maneja el técnico asturiano. El objetivo interno. La barrera que históricamente suele abrir la puerta de la promoción de ascenso, aunque esta temporada el listón parezca todavía más elevado.


Pero más allá de la clasificación, hay algo que este equipo ha recuperado y que probablemente vale incluso más: la identidad. Porque el Córdoba no ha cambiado radicalmente su propuesta para enlazar este pleno de triunfos. Ania lo dejó claro en sala de prensa. Ni cuando llegaba el 1 de 24 estaba todo mal, ni ahora el equipo es invencible. El plan sigue siendo el mismo. Presión alta, valentía con balón, protagonismo ofensivo y convicción absoluta en la idea. Lo único que ha cambiado es aquello que tantas veces decide temporadas enteras: la confianza.


Y eso se nota.

Se nota en Carracedo encarando cada balón como si fuese el primero del partido. En Jacobo apareciendo en momentos importantes. En la seguridad de Álex Martín y Rubén Alves atrás. En la sensación de que Iker Álvarez siempre va a sostener al equipo cuando toca sufrir. Y, sobre todo, en la naturalidad con la que el Córdoba vuelve a competir en escenarios de máxima tensión.


El problema es que ya no depende únicamente de sí mismo. El Castellón continúa marcando el corte y el margen de error es inexistente. Por eso Ania insiste tanto en aislarse del ruido exterior. Nada de calculadoras durante el partido, nada de mirar otros campos. El mensaje es simple: ganar y seguir presionando. Que sean los demás quienes sientan el aliento blanquiverde.


Enfrente estará un Albacete sin urgencias clasificatorias, pero tremendamente peligroso precisamente por eso. El conjunto manchego ha demostrado durante toda la temporada que sabe competir sin necesidad de monopolizar el balón. De hecho, muchas de sus mejores actuaciones han llegado desde contextos donde el rival asumía el peso del juego. Es un equipo que transita rápido, que interpreta muy bien los espacios y que castiga errores con mucha facilidad. Ania lo sabe y por eso ha incidido especialmente en la vigilancia defensiva y las transiciones.


Además, el Córdoba volverá a llegar condicionado por las bajas. Trilli, Del Moral, Percan, Fomeyem y Adilson no estarán disponibles, mientras que Adrián Fuentes sigue pendiente de evolución tras el fuerte golpe sufrido frente al Granada. La gran noticia pasa por el regreso de Isma Ruiz, un futbolista capital para el equilibrio del equipo y cuya energía siempre eleva el nivel competitivo de los blanquiverdes.


Y quizá ahí esté una de las claves de este tramo final. En cómo el Córdoba ha aprendido a sobrevivir incluso cuando le faltan piezas importantes. Porque durante buena parte del año, las lesiones condicionaron constantemente las alineaciones de Ania. Hubo semanas con siete u ocho bajas. Y, aun así, el equipo siguió compitiendo. Ahora, con la plantilla enchufada emocionalmente y muchos jugadores secundarios dando un paso adelante, el Córdoba parece haber encontrado algo parecido a una versión coral y madura de sí mismo.


El Arcángel también tendrá mucho que decir. El ambiente frente al Granada fue una demostración más de que la ciudad vuelve a ilusionarse con su equipo. Porque el cordobesismo sabe perfectamente que el play off sigue siendo complicado. Muy complicado. Pero también sabe que este equipo se ha ganado el derecho a llegar vivo hasta el final.


Y en el fútbol, cuando un grupo empieza a creer de verdad, cualquier cosa puede pasar.


REPORTAJE: Álvaro Valero FOTO: Diario Córdoba



 
 
 

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